Atención en Villa Ballester, BsAs, Arg.
La duración de esta etapa evolutiva es variable y depende de aspectos biológicos, psicológicos y socio-culturales. Los desafíos de esta fase son franquear la pubertad, desarrollar el sentimiento de identidad y elaborar el duelo de la separación familiar y la pérdida de la infancia.
Generalmente acuden a la consulta a través de sus padres. Es necesario lograr que el adolescente se involucre satisfactoriamente en el proceso evaluativo y terapéutico. Para esto se hace imprescindible la generación y reconocimiento por parte del adolescente de una demanda y de sus necesidades.
En los nuevos tiempos y dentro de un contexto de crecientes procesos de globalización y reestructuración de los modelos o referentes identitarios, se nos presentan en la clínica diaria nuevas formas de identificación de los adolescentes. Muchas formas surgen a partir de objetos de consumo, que pueden generar algunas patologías específicas.
Por otro lado las nuevas tecnologías también redimensionan la forma de construcción o configuración de sus identidades a través de símbolos e íconos.
No todos los adolescentes viven los cambios de igual forma, ya que depende del entorno que tenga cada uno y de su historia personal. Lo que sí está claro es que no se trata de una época fácil, ni para los adolescentes, ni para sus familias ni para sus educadores.
Algunos de los objetivos de esta etapa son:
Muchas veces, la búsqueda de independencia entra en conflicto con las normas que los padres tratan de imponer y ellos se rebelan. Es muy importante que los padres mantengan la calma, aprendan a no ponerse a la altura de los adolescentes en las discusiones y puedan pensar que no van a perder a su hijo si son capaces de superar esta etapa con serenidad, aceptando los cambios.
No siempre lo consiguen solos y en ocasiones, necesitan orientación y apoyo tanto los padres como los hijos.